De cero a 100. 0 por ciento es la humedad del desierto de Uyuni y 100 por cien, la del Amazonas. Pero sobre todo es el mejor ejemplo para ilustrar los contrastes vividos en mi viaje a Perú, Bolivia y Amazonas, donde la huella del Inca no se borrará nunca de mi memoria.
Disfruté cada bocado del mejor menú degustación viajero que nuestro cicerone NUBA nos preparó cuidando cada detalle, cada momento.
El origen del viaje se sitúa en mi deseo de conocer el Amazonas. Soñaba con recorrer el río más caudaloso del mundo en el Aria, EL BARCO DE MI VIDA, pero ya que iba a volar a Perú, ¡cómo no conocer Machu Picchu! y, ya que estaba, ¡cómo no Cuzco y Lima y, ya de paso, el mayor salar del mundo (en Bolivia) y, ya puestos, La Paz! Mi idea inicial sobre el Amazonas se dejó llevar por las aguas de mi imaginación con el mejor cómplice: mi bendito y tranquilo marido, que me sigue al fin del mundo por lejos que esté.
Decidí sumar en un único viaje lo que, en realidad, eran tres destinos diferentes, tres experiencias únicas (tal y cómo están divididas en las siguientes líneas). Y es que me gusta dar grandes mordiscos a la vida.
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Cuzco- Valle Sagrado- Aguas Calientes- Machu Picchu- Lima

El reino de las cuatro regiones, como se denominó la cultura inca en su momento, despliega toda su magnética belleza en Perú, con un tamaño de dos veces España y con una magnífica diversidad, en todos los sentidos, entre la costa, la sierra y la selva. Aunque Perú es mucho más que Machu Picchu, este antiguo poblado incaica, una de las merecidas 7 maravillas del mundo, secuestró mi atención sin tregua, tanto que, cuando intentaba retirar mi mirada, mi cabeza giraba a modo de la niña de “El Exorcista” en un estado casi hipnótico.
Antes de llegar allí atravesé Valle Sagrado, un nombre que suena bastante mejor al oído que la realidad ofrece a la vista mostrando algunos desarmónicos rincones en los que la suciedad y la fealdad constructiva se compensan con los imponentes entornos naturales e incas y con el cautivador pueblo Chinchero.
Antes de ello visité Cuzco, una encantadora ciudad de tamaño manejable para conocerla a pie, que te da la bienvenida con el “mal de altura”, que no es más que la reacción del organismo a la hipoxia -falta de oxígeno-. Nada que no consiga remediar un buen mate de coca.
Lima superó fácilmente mis bajas expectativas antes de visitarla, mostrando una atrayente urbe caótica casi permanentemente nublada, y atascada, ataviada con barrios muy cool. Mi preferido fue Barranco.
Y no puedo pasar a la siguiente etapa sin mencionar el descenso de los andes peruanos en el Belmond Hiram Bingham, un fastuoso tren inspirado en los vagones pullman de los años 20, en el que la cena solo fue la primera de las sorpresas.
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Uyuni – La Paz- Valle de la Luna

El mayor desierto de sal del mundo, Uyuni, resultó ser una de las mejores experiencias de mi vida. Tuve mi momento “The Truman Show”, en el que la puesta de sol púrpura y el reflejo de los objetos en el agua lo hacía parecer un decorado, algo completamente irreal, mágico. La desgastada y mal utilizada palabra “espectacular” allí cobra todo el sentido. La mejor forma de vivir este desierto no es permanecer a las puertas de alguno de sus peculiares hoteles de sal, sino adentrarte en su corazón, recorrerlo con un 4X4 y pasar un día, con su noche, en el exquisito Airstream Camper, que tan solo cuenta para alojarse con dos caravanas retro en mitad del desierto y cuyo resto de unidades son para dar servicio de apoyo, con cocinero/mayordomo incluido.
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Iquitos- Nauta- Nacimiento del Río Amazonas- Río Marañón- Yanalpa- Reserva Natural Pareya Samiria-Reserva Natural Pacaya Samiria

Pesqué pirañas, tuve en mis manos una anaconda, avisté delfines rosas, oí los cantares de la selva con monos aulladores de fondo, nadé en las oscuras aguas del Amazonas… Disfruté tanto que no sufrí wifiabstinencia tras 7 días sin conectar con mi mundo. Pero para las almas menos aventureras, el crucero Aria, de solo 16 suites -que se separan del Amazonas por un enorme cristal de techo a suelo- también ofrece tranquilidad y entretenimiento selecto.
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Gastronomía

Cada vez que he realizado un viaje extenso, al final del recorrido, siempre he echado de menos la comida de España. Es la primera ocasión que no ha sido así; la riqueza de la gastronomía peruana es excelsa y puse todo mi empeño en no perderme nada de la cocina costeña, andina y selvática.  Con más de 2.500 variedades de papas, Perú es ceviche y es pisco, pero es cuy (un pequeño y delicioso roedor, que crían en la sierra en el interior de sus casas y que recibe su nombre por el ruido que emite), es chicha (una potente bebida artesanal de maíz fermentado muy consumida por los campesinos), es ají charapita y, sobre todo, es un paraíso culinario.
La historia que os he contado no es la de una turista impresionada por un gran viaje que ametralla su relato con nombres de monumentos y referencias culturetas. Es la narración del segundo mejor viaje de mi vida, y la mía está repleta de ellos: mi primer vuelo lo realicé con tres meses de edad desde mi lugar de nacimiento Cambridge (Inglaterra) a mi casa, Madrid; y desde entonces no he parado de viajar, primero, aprovechando mi condición de ser hija de un tripulante de vuelo de Iberia; después, porque viajar es la inversión más rentable para mi espíritu. Para no dejar la historia incompleta: el mejor viaje de mi vida fue Kenia. Pero esa es otra historia.

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